jueves, 22 de enero de 2015

Invertir en política, pingue negocio

                                          Invertir en política, pingue negocio

Con el caso PENTA (2013 - 2014) relacionado al financiamiento ilícito de campañas políticas principalmente a candidatos de derecha, ha quedado demostrado la disociación que existe entre la clase política chilena y sus electores, los justos ciudadanos, quienes participamos del ritual de la democracia cada cierto tiempo votando por proyectos políticos que no necesariamente están relacionados con los intereses del 1% de la población que concentra el 30% de la ingresos (Fund. Sol). En efecto, ha quedado demostrado que muchos de los dirigentes políticos elegidos en las urnas, se han transformado en brazos políticos de grupos empresariales que han visto en el parlamento una posibilidad más de inversión, la inversión en política.

Cual estrategia de negocios, financiar la política es, al igual que peligroso para una democracia, también rentable para los grupos económicos, que ven como sus rentabilidades se maximizan teniendo verdaderos “agentes” de sus negocios en el parlamento. Los grupos empresariales han visto que lo que no se puede lograr en el directorio de la empresa se puede lograr a través de leyes que favorezcan sus intereses - nada republicanos por cierto - a través de la no muy costosa inversión en el financiamiento de tal o cual campaña política. 

¿Cómo podemos confiar en que las leyes emanadas del Poder Legislativo están consagradas en el Bien Común  y no en el bien particular de un grupo económico?. Si no se reforma el sistema de financiamiento de las campañas políticas corremos el riesgo de que nuestro parlamento se convierta en un poder del Estado a la medida de los intereses económicos particulares más que a la medida de una República. Si se sigue permitiendo que las empresas financien campañas políticas, entonces deberá transparentarse esa situación para que tal o cual parlamentario, por ley, se abstengan de votar en proyectos donde tienen claros o evidentes conflictos de intereses.

Solo espero que después de este remesón político la clásica “paloma” encumbre vuelo muy lejos y deje así el espacio al debate de las ideas, y de esa forma los justos ciudadanos ocupemos nuestro lugar en el parlamento, de donde jamás debimos salir.